Esos querubines de la derecha

Ah… Las candorosas almas de la derecha.

Artificialmente bellas, querubines de la plutocracia, que se afanan en ilusiones demócratas o de su nostalgia hacia las rancias monarquías. Si es que todavía existe algún solemne linaje de paladines, ellos, los que con la derecha comen y con la izquierda se limpian, son sus actuales descendientes; pero, en vez de armaduras pesadas y grandes espadas, toman su largo y costoso celular, abren el Twitter, y dan terribles estocadas a sus adversarios en tremendo nado sincronizado, junto a sus compañeros del ala conservadora, e imaginarios espíritus robóticos; visten Gucci, Ferragamo, se ponen un Rolex, o lo que sea que ennoblezca a su apariencia, la cual utilizarán para confirmar su privilegio social.

Ahí los verás, ostentándose de líderes espúrios que han sido presuntos cabecillas criminales de un «supuesto» Narco-Estado, del cual defenderán hasta que el sobrevalorado café del Starbucks se acabe; eso sí, nada los detendría si hubieran más de éstos que operen las 24 horas, lo que definitivamente haría de todo más plácido, con un olor rico a madera en sus casitas de la Condesa, o allá en las humildes mansiones de Polanco.

Si supiéramos lo que sufren… Sufren mucho, demasiado, algunos hasta se han quedado pelones de tanto estrés por el tal «López» y mejor se han vuelto youtuberos, para encontrar la calma entre los bots y no depender totalmente de la herencia de sus ricos progenitores. Y es que, en efecto, según ellos todo va mal con el mentado «viejito que habla lento», así como toda la bola de «comunistas y satánicos matabebés» que no hacen nada si no se los permite aquél. Vaya, vaya, ya nada es seguro en un país gobernado por el comunismo maoísta, stanlinista, chavista, castrista (¿o fidelista?), madurista, y, eh,  otros -ismos e -istas más que han pululado en el mundo, destruyendo lo mejor que nos ha traído el capitalismo: su lindo y melindroso hijo, el neoliberalismo.

Pero no caerán derrotados nunca. Tienen el apoyo inexorable de brillantes empresarios que han sabido cómo coludirse con el Estado desde sexenios atrás, conflagrando con algunos iconos que, impertinentemente, los han catalogado como corruptos o asesinos, «ladrones de democracias» (leerse en tono chillón e infantil), así acrecentando su capital, dejando fortunas milenarias a sus hijos, nietos, bisnietos, y los que siguen, como esos que ya en un futuro posiblemente vivan en Marte o Júpiter; o les tocará el Apocalipsis viendo el final de temporada de una serie de Disney, en las apacibles playas cerca de su residencia de Palm Springs. Además, el país de la libertad imperialista y la democracia bursátil, siempre preocupado, les aconseja que es mejor despreciar a la política que afiliarte a un partido… A menos que sea de uno que entregue todo el litio o petróleo de tu nación. Definitivamente, no están solos; y aun cuando cada vez sean menos, éstos intensifican su estulticia, y se vuelven aún más puros, más elitistas, más… sí, conversadores.

De nuevo, saben que como se visten —es decir, con buenos gustos eurocentristas, aparte de tener buenas costumbres católicas de la alta sociedad—, la gente los admirará; o qué va, hasta los verán como héroes de su propio partido, bien vestidos y peinaditos, con afán de despilfarrar lo que sea por obtener cualquier victoria electoral; o si no, ya de plano, irse del país y llorar en sus costosísimos departamentos de Miami, al lado de un De Mola o un payaso tenebroso, donde armarán futuras conjuras en contra de los vándalos del populismo que se adueñaron del que era su país, su propiedad, sus dividendos bien repartidos aquí y en las Islas Caimán.

Sin embargo, según algún profeta estadounidense, cuyo nombre no recuerdo —y ni quiero recordar—, volverán los tiempos de bonanza, donde la gente se olvidará de las atrocidades de sus antepasados políticos, y regresarán al poder por medio del futurista voto electrónico, coadyuvados por un que otro engaño mediático, y asimismo reformando leyes, creando nuevos consorcios afines a sus ideologías capitalistas, donde ahora sí les darán la razón a los escritores del escandaloso Cyberpunk, donde los pobres son más pobres, porque al parecer así lo siguen queriendo ser, pero con brazos biónicos de calidad chatarra —o sea, marca Bimbo o Kimberly-Clark—, perviviendo en realidades virtuales desactualizadas, drogas baratas en cada esquina,  patrocinadas por un descendiente de un tal Calderón o de los Zambada de la posteridad….

Oh, bendita bonanza.

Oh, sabrosa riqueza.

Oh, conservadores y su conservadurismo.

Musas y musos del pensamiento oligárquico, ustedes no van a abdicar nunca, ni quizás cuando se les acabe la batería de su móvil último modelo, pagado de contado por sus padres económicamente exitosos; seguirán con sus genéricos tuitasos, patadas y rabietas, o como sea y se les antoje, todo para purgar a aquellos líderes de izquierda, esos que realmente luchan por la justicia comunal sin más fijaciones que los verdaderos sentimientos del pueblo, ese que está abajo, combatiendo con el letal sufragio; mientras ustedes, como querubines bien vestidos, o tales «niños dios» vestiditos con ropitas estrafalarias para el nacimiento navideño, esperarán que sus disparatadas ilusiones se vuelvan realidad o que, ya de plano, se vayan a la mismísima ching…

 

Hasta pronto.

 

Licenciado en Letras Hispánicas

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