Reseña del libro Las calles siguen siendo nuestras, del Dr. Daniel Ceceña Aispuro

En esta ocasión, y en honor a todos los movimientos de lucha latinoamericanos, tomamos este espacio para hablar e invitar a la lectura y reflexión de la obra del Dr. Daniel Ceceña Las calles siguen siendo nuestras, donde en su  escrutinio social e historiográfico expresa los sentimientos de la juventud combatiente y esperanzadora. Mismo que estará siendo presentado mañana.

Con la lectura del libro regresamos a ese Hermosillo de los años 60s y 70s, donde las y los jóvenes se apropiaron de las calles y junto con sus colores, cantos, poemas e ideales salieron a cambiar el mundo. En lo particular, atravesar el boulevard Rosales trae una serie de imágenes conmovedoras y un tierno sentimiento de esperanza para mi persona y para la de muchos.

En aquellos tiempos, durante la mística de la década de los sesenta, la juventud se presentaba como una nueva idea revolucionaria, una etapa donde no solo se preguntaban qué querían estudiar o qué oficio desearían ejercer. Se vuelve el momento cuando en colectivo delineaban y perseguían su utopía: un mundo justo y libre para todas y todos. Si bien la época se suele recordar al mayo francés o al 68 mexicano, acá en la “Ciudad del Sol” se inauguraba una tradición que perdurará por generaciones: tomar las calles para protestar en contra de la violencia de Estado. Hay que recalcar que estos movimientos los protagonizaron el estudiantado, optando por trayectos usuales que la izquierda local tomaba (blvd. Rosales, Rodríguez, etc.), mientras el sentimiento combativo afloraba con sus voces; así como bien se describen en palabras de un testimonio »Cuando uno es joven, siente que está cambiando el mundo y que sus acciones son significativas».

 En cuestión de su importancia social e historiográfica, Las calles siguen siendo nuestras me parece una obra fundamentalmente valiosa e inédita para las y los sonorenses por diversas razones, pero principalmente tres que enuncio a continuación:

1) Representa una clara reivindicación a nuestro derecho a conocer la verdad de lo que pasó, en el que todo sonorense debiera tener acceso a la información de las decisiones tomadas por el Estado y como este decide tratar con las voces de oposición, lo cual propicia la empatía histórica que promueve a la no repetición.

2) Si esperamos que la justicia se concrete, esta debe de estar presente como una demanda social, porque las luchas que realmente perduran son en colectivo consciente de su proyecto y de su memoria.

 3) Y, por último, que ambos puntos sirvan a la reflexión del tipo de sociedad a la que aspiramos y de las acciones que son inadmisibles por parte del poder hacia las distintas expresiones, a tal grado que la disidencia no sea un delito, ni la libertad de expresión un privilegio.

Daniel, en su manejo de categorías, nos explica en la obra que no es lo mismo «Historia» y «memoria». Por un lado, la primera se entiende como aquella selección deliberada y parcial que le es cómoda al poder, lo legitima y lo totaliza; y en cambio, la memoria recoge los sentimientos de aquellas personas que proponían una visión distinta de lo que debía ser la sociedad, la cual queda silenciada parcialmente por la oficialidad, pero que siempre regresa para recordarnos que quedan causas pendientes.

El movimiento estudiantil durante las décadas de los 60 y 70 sirve de anclaje para aquellas causas que por sí solas resultaban difíciles de ser reivindicadas entre la comunidad. Ello guarda congruencia con la aspiración de la época de que la Universidad de Sonora tuviera un rol relevante en el mejoramiento de las condiciones de vida de las y los sonorenses, brindando espacio y facilidades a estudiantes pobres y foráneos, además de ofrecer una educación crítica, popular, científica y democrática. Y así lo hacen, apropiándose de los espacios para el poder público en contraposición del poder hegemónico. Esperen muchos e interesantes testimonios al respecto en este libro.

En conclusión, me parece importante que los movimientos del pasado nos dejan grandes enseñanzas que se acumulan, como las causas más nobles nunca llegan a derrotas totales y que las victorias son siempre parciales. En cada etapa, la juventud se organiza para actualizar sus demandas y sus formas de accionar, tal como hoy lo vemos, donde las calles vuelven a ser tomadas por los estudiantes por la abolición de la ley 4 que todavía rige a la Universidad de Sonora, así invitando a un espacio académico y educativo más democrático, más cercano al pueblo sonorense. Estas ideas son una vuelta a nuestros antepasados de los ciclos de protesta en los ya mencionados 60s y 70s.

Asimismo, encuentro en el libro una invitación a militar en el movimiento de la Cuarta Transformación con la esperanza por delante, con el espíritu juvenil que cambia al mundo y que sus acciones son significativas.

A esas y esos jóvenes del Sonora del siglo pasado, ¡muchas gracias! Gracias por mostrarnos que la derecha no pisa las calles, que estas le pertenecen al amor, a la esperanza y al optimismo. Le pertenecen al pueblo. Por eso las calles siguen y seguirán siendo nuestras.


Les invitamos a la próxima presentación de este libro en la Normal Superior del Estado el día viernes 30 de septiembre del 2022 a las 12:30pm, o en Facebook.

Si deseas adquirir una versión impresa, comunícate con nosotr@s en cualquiera de nuestras redes sociales.

Maestro en Desarrollo Regional.
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