El dilema de enseñar la historia oficial en México

El propósito de este texto es llegar a una reflexión que gire alrededor de la enseñanza de la historia oficial en México. Como base se tomó un escrito de Josefina Zoraida Vázquez, el cual hace un recorrido historiográfico completo. Su narrativa es interesante ya que menciona su experiencia como historiadora y hace una confrontación de diversos autores.

     Sus planteamientos dan pie a poder tener cuestiones sobre devenir de la historia dentro de la educación de México durante diversos periodos. “Hasta ahora los historiadores se han preocupado poco de la historia que se enseña en la escuela, es importante insistir que la misión primordial del conocimiento histórico es la del vigía que alerta la conciencia de lo que somos (…)”[1] ¿Nos encontramos ante un desinterés por parte de los historiadores hacia el campo educativo? ¿Qué papel juega la historia dentro la educación?

Historia Grado 4° Generación 1993 .: Comisión Nacional de Libros ...

     Dentro del recorrido historiográfico de la autora, nos encontramos que la enseñanza de la historia siempre ha tenido un fin, se utilizaba para formar ciudadanos y gobernantes, para que existiera “lealtad al rey”, era vista como un instrumento de unificaciones y de cohesión nacional.  Los historiadores románticos y liberales utilizaban el patriotismo histórico como una herramienta, la cual era  usada por maestros y políticos.

     Otra cuestión que podemos encontrar dentro de la historia oficial, es el adoctrinamiento con la patria. Sierra[2], dice que México es un producto de larga evolución,  la patria es geográfica-histórica, es el “suelo donde nacimos”. Diversos autores manejan diversas concepciones de lo que es la patria. No es un concepto con una sola definición, dentro del intento de definir que es la patria se pretendía salvar “la herencia española”. Con el adoctrinamiento patriótico comienzan un debate con los héroes o ejemplos que enaltecía la historia,  para poder lograr formar ciudadanos.

     Existía una preocupación por cómo se enseñaba la historia. Durante de década de los 20´s se hablaba de nuevos nacionalismos, durante la década de los 40´s la historia era utilizada con el propósito de tener comprensión, “era una especie de toma de partido por luchas del pasado” claramente con un gran trasfondo político. Existían diferentes versiones de la misma historia dentro de las aulas de nivel superior.  Una década posterior se presentó el debate al “culto a los héroes”. ¿A qué voy con todo este recorrido historiográfico?  Tras querer lograr esa unión nacional y ese amor a la patria nació la historia oficial. Una historia avalada por el estado, se tenía que enseñar de manera obligatoria. Inicialmente exaltando grandes héroes y grandes batallas, dejando de lado otros personajes y espacios.

     Para poder dimensionar el conflicto que existe al solo enseñar la historia oficial pondré un ejemplo: Imaginemos que cuando Calderón era presidente, se lanza una reforma engañosa donde se tiene que borrar todas los levantamientos sociales escritos en la historia, aparte de eso, se escribe una nueva historia, una historia donde  jura y perjura que las relaciones con el narco es lo correcto, y que gracias a eso prosperaremos como nación.  Teniendo esa única información ¿cómo crecerían las nuevas generaciones? ¿Qué se normalizaría?

     En las escuelas donde se trabaja de manera exclusiva con la historia oficial no hay confrontación de autores, ni de conceptos o ideas. Es importante que las y los alumnos tomen partido (y no me refiero a afiliarse a alguna organización política) sino que cuestionen el pasado, hagan sus propios juicios. Eso se obtiene teniendo una vista histórica lo más panorámica posible.  Los historiadores deben estar presente no solo en las aulas enseñando lo que se les asigne, sino también en la formación de planes de estudios. 

Espacios invisibles ante la historia oficial.

En contra propuesta a esta manera de enseñar la historia nacional, nace la historiografía regional (o sea, voltear a ver regiones como Sonora). Con lo anterior como antecedente, podemos decir que la propuesta de la historia regional surge primeramente ante la oposición de esa historiografía que enaltecía batallas, héroes, procesos o sucesos de auge nacional, tenía que ser válido para toda la sociedad mexicana, dejando de lado la influencia regional, esta historia “oficial” era impuesta por el Estado. Se buscaba que existiera cierto grado de “identidad nacional”, los procesos ocurridos en provincias eran invisibles ante la historia oficial. Todo se basa en lo que sucedía en el centro de México, se estaba ante un centralismo historiográfico.

     Existe la identidad nacional a la par que existe la identidad regional, ambas son igual de relevantes en la formación de las niñas y los niños. Los alumnos tienen que tener acceso a aquella historia que les permita llegar a su definición de patria, ya que, es su identidad, es lo que ellas y ellos viven y con lo que se ven representadas. Los chavos merecen una historia que les permita cuestionarse a sí mismos, el pasado, y ¿por qué no? Inclusive poder cuestionar lo que el gobierno quiere que se les enseñe.

Personajes invisibles en la historia oficial.

Dentro de cierta historiografía moderna se propone que hay  dejar de lado esa historia de los grandes hombres y grandes batallas, y a la historia maniqueísta, ya que muestran una historia mocha y sesgada. “La historia es una disciplina que, entre otras funciones sociales y educativas, contribuye a conformar una visión de la identidad social y política de las naciones”[3] El peso de la historia en la educación, es muy importante como para limitarnos a enseñar una historia que invisibiliza y no da cabida a cuestiones.

     Cosa curiosa dentro de la narrativa oficial es la poca presencia de las mujeres como actrices políticas y personajes importantes. En la historia, son contadas las mujeres conocidas y mencionadas en estos procesos históricos que caracterizan a la historiografía nacional, aquellas mencionadas son las escasas “mujeres celebres”, como Leona Vicario o Josefa Ortiz.

     Nos las han presentado desde nuestros primeros acercamientos a la historia de México por medio de aquellas estampas, que tenían sus retratos y por la parte trasera un fragmento de su biografía[4], ellas sí pudieron formar de la narrativa nacional (la narrativa  oficial). Nos encontramos que la figura femenina es casi nula, pero ¿estás mujeres son invisibles para la historia? ¿Para quienes escribieron la historia? ¿Para quién decide que se enseña o no? ¿Para la historia oficial?  Tiene que existir interés y preocupación en tipo de historia se enseña:

     El conocimiento histórico es indispensable para preparar a los niños y los jóvenes a vivir en sociedad: proporciona un conocimiento global del desarrollo de los seres humanos y del mundo que los rodea. El conocimiento histórico es, ante todo, conocimiento del ser humano viviendo en sociedad. Si las nuevas generaciones están obligadas a conocer el presente, es conveniente que lo hagan a partir del pasado que ha construido ese presente. Es necesario que cada generación sepa actuar en el presente fundada en el conocimiento que le proporciona el análisis de la experiencia pasada.[5] Dentro de la manera de escribir historia hay quiebres historiográficos, que van de la homogeneidad a la heterogeneidad, se rompe una historia que podemos llamar tradicional para proponer y desarrollar otras visiones para escribir sobre procesos históricos. Se rompe el centralismo historiográfico para poder voltear a provincias y regiones, se le da voz a espacios y personajes que eran minimizados o invisibilizados dentro de la historia nacional. La corriente de la historia regional, también da pautas para que se desarrollen corrientes como la historia cultural y social, dando identidad a pequeñas regiones, por ende las posibilidades y maneras de enseñar la historia crecen, no se ven limitadas solo a la narrativa nacional (oficial).

[1]  (Vázquez 1994).

[2] Autor manejado por Zoraida.

[3] (Prats 2011, 60).

[4] Recurso didáctico era común emplear antes del apogeo del internet.

[5] (Florescano 1999).

Bibliografía

Álvarez, Pablo Serrano. «Tendencias y enfoques metodológicos 1968-1990.» Historiografía regional mexicana, 1997: 49-57.

Vázquez, Josefina Zoraida. «EL DILEMA DE LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA DE MÉXICO.» La Educación, 1994: 13.

Licenciada en Historia

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