Triste final.
Porfirio Muñoz Ledo, de joven, junto a Carlos Armando Biebrich, fueron los jóvenes maravilla del Partido Revolucionario Institucional, mejor conocido como el PRI, de Echeverría, ambos considerados presidenciables a esa tan temprana edad. Eso despertó muchas envidias entre los allegados al presidente Echeverría y, después, también a los de López Portillo.
A Biebrich lo pusieron de Gobernador de Sonora y Muñoz Ledo lo enviaron a la ONU como representante de México; así fue como Porfirio inició su carrera parlamentaria que, a la postre, lo llevó como representante mexicano ante el parlamento de la Unión Europea.
A Biebrich las envidias de los más encumbrados priistas lo obligaron a renunciar, después de armarle un movimiento campesino en el sur de Sonora que terminó en tragedia por las balas de la policía judicial, donde, infortunadamente, mataron a unos campesinos. En realidad se trató de una burda y vil trampa, sólo para quitarlo de la lista de presidenciables consentidos de los caudillos del partido «revolucionario».
No obstante, a Biebrich lo cobijó el PRI como asesor político y parte del CEN de su partido político, y así fue hasta que terminó su vida con una muerte natural. Mientras tanto, Muñoz Ledo entró a formar parte de un grupo selecto de sobresalientes rebeldes priistas, que primero se autodenominaron como la «Corriente Crítica» dentro del PRI, lo que después fue a pasar por la #Corriente Demócrata», terminando por renunciar al PRI y fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Muñoz Ledo destacó como gran orador y parlamentario, fue presidente del PRD, pero nunca lo consideraron como candidato a la presidencia de la República. Sin embargo, logró ser propuesto candidato por el PARM, Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, integrado por ex generales del ejército y, a su vez, partido satélite del PRI. Por supuesto, no ganó ni se acercó siquiera al triunfo en las elecciones. Ese fue su trauma. Y, aunque por lo menos fue diputado federal, senador, Secretario de Gobernación y de Relaciones Exteriores, no pudo ser presidente de la República, su gran deseo; de ahí su envidia mortal a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), su compañero de izquierda y también fundador del PRD.
En sus últimos años, en plena senectud decrépita, la envidia por AMLO lo llevó a ser su más acre y férreo crítico de todo lo que hiciera «el Peje», terminando por aliarse al Partido de Acción Nacional, el PAN. Esos fueron sus últimos años, vagando en la ignominia, la incongruencia y el total desprestigio, perdiendo, lamentablemente, el respeto que antes tuvo.
Aficionado al alcohol, al tabaco y, por ahí dicen los rumores, a las francachelas, su mayor pasión fue la política donde perdió todo lo que miserablemente había ganado como chico maravilla del sistema que lo acobijó: el autoritario y trasnochado priismo.
Por sus características de viejo zorro de la política, astucia, y con afición traicionar a sus movimientos, finalizó su vida como alguien poco digno de confianza y de suma peligrosidad con su lengua, por eso así como terminó despectivamente conocido como «el Perfidio».

