La batalla del 5 de Mayo no ha acabado

La batalla del 5 de mayo no ha acabado, porque tampoco el imperialismo no ha caído: desde el siglo 19, las constantes invasiones e injerencias extranjeras, de algún modo u otro, han descompuesto a México, como fue con la invasión francesa y su imposición de la monarquía; las múltiples intervenciones de Estados Unidos, asesinando impunemente a mexicanas y mexicanos en el norte y centro del país; los agravios que han ocasionado sus mangoneos políticos, principalmente de nuestro vecino del norte, en cuestiones legislativas, secuestrando el poder y la manera de hacer política desde el máximo estrado y el legislativo; también con las mineras, las eléctricas, los grandes consorcios en el extranjero y la insoportable legión de cabilderos que, de manera inmoral, o hasta ilegal, seducen a diputadas y diputados, senadoras y senadores, para comprarlos con sus lascivos sobornos y así hacer lo que se les antoje para el bien de pocos (y muy pocos), y lo peor: para el bien de las hegemonías imperialistas.

Ignacio Zaragoza, por su parte, dio un freno relevante, aunque sea simbólico, a las intervenciones extranjeras en aquella batalla de Puebla donde terminó su vida; no obstante, la verdadera guerra anti imperialista ha sido una toma y daca que hasta hoy se pervive con las alevosas ONGs o con las agencias más poderosas (e hipócritas) del mundo: La corrupta DEA y, la inhumana y monstruosa, CIA. Al imperialismo yanqui no le bastó destruir a toda Latinoamérica con su perverso y asesino Plan Cóndor, que dio un serio revés a las izquierdas de los 60s y 70s; y dado que su doctrina es la muerte, no pueden detener su agenda mortífera y aún siguen haciendo lo suyo en su supuesto patio trasero (¡Es decir, nosotros los países latinoamericanos!) invirtiendo en amonestándonos económicamente (Cuba, Venezuela); promoviendo golpes de estado (ya ven en Bolivia, y ahora en Perú) espionaje, vendiendo armas a las mafias (México, Colombia, etcétera; suministrando de recursos a Asociaciones Civiles traidoras a sus patrias (Claudio, “el Señor X”, dueño de muchas de éstas) .

Pero aun y con todo este tumulto de golpes desde extranjero, tenemos a un presidente y su movimiento que va en pro de la soberanía nacional, no nomás de la nuestra, sino en voz de todas las naciones oprimidas del mundo, porque no hay nada mejor que respetar el derecho ajeno, el derecho ser, existir, vivir al goce de pertenecer a cada cultura y tradiciones propias, y trabajar en conjunto en una verdadera buena vecindad, que les hace falta no solamente al gobierno estadounidense, sino a todos esos países que no han dejado de ser colonialistas y sacan los preciados recursos de otros que no pueden defenderse.

Por eso, hoy más que nunca, todos los mexicanos y latinos debemos de unirnos en defensa de nuestra soberanía, como una única hermandad que nos une nuestra geografía, idioma, culturas y un sufrimiento histórico en común. Luchemos contra el odio, luchemos en contra de las invasiones; no somos el patio de nadie, ni la servidumbre de ninguna hegemonía. Tenemos nuestra propia historia y, lo más importante, a nuestra propia SOBERANÍA.

En fin, recordemos, la frase más célebre, quizás, de Eduardo Galeano:

“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.


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