Ágora: comunidad vs neoliberalismo

Han estado circulando en redes las fotos del nuevo centro de cultura comunitario Ágora, el cual construyó SEDATU en la colonia 5 Mayo de la capital sonorense; todavía más exactamente al final del barrio llamado “La cañada de los negros”. La construcción de este centro es parte del programa de mejoramiento urbano que echó a andar SEDATU a nivel nacional, donde se ha construido con infraestructura de primer nivel para los municipios.

El programa se llama “Mi México Late” y se ejecuta para apoyar a comunidades de escasos recursos con alto nivel de marginación y violencia, rehabilitando espacios públicos y áreas habitacionales. Este ha sido uno de los grandes aciertos de la dependencia en la 4T encabezada por el arquitecto Román Meyer-Falcón, pues lleva acumulados más de 80 premios de arquitectura y urbanismo a nivel nacional e internacional.

En Sonora podemos mencionar algunos ejemplos de intervenciones por este programa, entre ellos: el parque la Tortuga en San Luis Río Colorado, o bien las 38 obras de infraestructura que se construyeron en territorios Yaquis, de las cuales destacan un hospital en Vícam, las 8 ramadas, mejoramiento de viviendas, casa de la cultura, escuelas, centros médicos, etcétera.

Sin embargo, quiero poner la atención nuevamente en el centro comunitario “Ágora”, de lo que algunas de las posibilidades de lo que podría ser son utópicas: crear un espacio para que la comunidad se pueda reunir, organizar, tener talleres artísticos, científicos, culturales, tener un desayunador comunitario, por mencionar distintas opciones. Todo esto sería posible si fuera desarrollado de la mano de un instituto de cultura con una visión comunitaria, lo cual tristemente no podría tener eco en el IMCA en Hermosillo. Puesto que de pe a pa, el municipio que encabeza el Antonio “Toño” Astiazarán nos ha mostrado que su política más que comunitaria, es recaudatoria. De hecho, pese a que la postura de la oposición es no reconocer ningún logro del presidente Andrés Manuel López Obrador, han peleado con uñas y dientes que se les otorgue la concesión de este centro, seguramente para adjudicársela como lo han venido haciendo con más de una de las acciones del Gobierno del Estado y del gobernador Alfonso Durazo.

Aprovechando como conclusión para este artículo, hago un humilde llamado a quienes son las y los tomadores de decisiones de que piensen muy bien si van a soltar, de buenas a primeras, una obra de tal naturaleza a un municipio neoliberal, que por lo bajo ya han mencionado que quisieran usarlo para poner una tienda, cafetería, etc.; ya saben a lo que me refiero, con eso que se la pasarían frotándose las manos, pensando en qué ganancia le sacarán. En pocas palabras, quitarle su sentido y propósito, ya que para ellos todo lo público es privado para sus bolsillos. Esperemos que se respete el lema “Por el bien de todos, primero los pobres” y se ponga a disposición de una dirección comunitaria y humanamente transformadora.


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