
Es conocido por much@s que el norte del país se reconoce, entre otras cosas, por su alto nivel de conservadurismo, esto se ve reflejado, por ejemplo, en el gran desprecio que siente la sociedad a las problemáticas de género.
Increíblemente es en el norte del país donde si bien, no se capitaliza toda la violencia hacia la mujer, sí existen los índices más altos. Todos ponemos conocemos el caso de las muertas de Juárez en Chihuahua o ahora más reciente el feminicidio de Danna en BC, donde la culpaban a ella de su muerte por llevar tatuajes.
Sin embargo, aunque la violencia no sólo se ve reflejada en feminicidios, sino también en toda la estructura social machista que permite que proliferen. En México esta cultura tiene una mayor perversidad pues además de ser machista se le agregan pizcas de clasismo y racismo.
Centro mi atención en Sonora, mi estado natal, donde si bien actualmente hay una gobernadora al frente, en su gabinete de 15 personas, 14 de ellas son hombres. Un estado sin alerta de género, porque prefieren negar el problema que enfrentarlo.
En agosto del 2020 se inició un proceso para aprobar la ley Olimpia en Sonora , iniciada por la gobernadora, lo cual sería la sorpresa de todas al ver el dictamen y encontrar un nuevo intento más de vulnerarnos. Cambiaron la ley y el sentido, porque el fin nunca fue proteger a la mujer, sino ver qué provecho podría encontrar.
La Ley Olimpia se convirtió en una ley Mordaza, pues busca castigar la libertad de expresión. La misma Olimpia nos visitó y acompañó en el congreso donde, después de haber sido ninguneadas, ignoradas, humilladas reprimidas y nuevamente agredidas por los medios de comunicación (al servicio del estado) afirmó contundentemente “Sonora es el Estado más machista”. Esas palabras aún hacen eco en mi cabeza.
Sonora, un estado que calla las voces de las mujeres que buscan la justicia, un estado que defiende a los violentadores, que hostiga a las madres buscadoras, que te victimiza a las mujeres que luchan ¿qué futuro nos podría esperar en un estado así? Ninguno.
La lucha que hoy emprendemos las mujeres va más allá de solo visibilizarnos, es una lucha por la supervivencia y no podemos darnos el lujo de no darla.

