
El 5 de junio del 2009 en la ciudad de Hermosillo, Sonora, sucedió una tragedia que fue la marca de la corrupción: la muerte de 49 niñas y niños, y las secuelas de muchos más heridos. Esto nos generó una enorme impotencia, sobre todo a las madres y padres de las y los pequeñines. Posterior al horrible acto de negligencia se procedió a las vías correspondientes, pero nuestros pseudo-gobernantes no dieron pie, ya que ellos están involucrados con los dueños de la guardería e incluso algunos de ellos lo fueron. Todo esto provocó un fuerte movimiento en reclamo de lucha, pese al carpetazo que le dio la Suprema Corte de Justicia, nada se detuvo y se acudió a instancias internacionales.
Al día de hoy sigue en duda el sentimiento de qué es la justicia, porque en un mundo ideal sería justo devolverles a los padres y madres a sus hijas e hijos. Sin embargo, nuestra naturaleza, lamentablemente, no nos lo permite, entonces la justicia radica en castigar a los verdaderos responsables de este atroz acto de, cómo dice el cantautor Gerardo Peña el “verano del diablo”, y sí lo fue, ya que los demonios con su manto de corrupción nos arrebataron el futuro: estás pequeñas creaturas, ¿podrá la justicia humana ser lo suficiente para reparar el daño? En este planteamiento mi opinión es no, ya que la justicia al derivar de nosotras las personas, es perfectible pero nunca perfecta, ¿Pero entonces que debe incluir la justicia? Son tres elementos a mi consideración: el primero es el punitivo o de castigo al los responsables de actos de lesa humanidad como este, incluido el presidente de aquella fecha que fue relacionado con los dueños de dicha guardería; el segundo elemento radica en la no repetición del acto, es decir, que para que se le haga justicia a la memoria de las víctimas es necesario que nunca en la historia humana pase algo así de atroz; y el tercer elemento y no menos importante es el elemento reparador consistente en tratar de restituir lo perdido, pero al tratarse de vidas humanas es imposible, mas se tiene que tratar de solventar eso por los medios posibles.
Seré breve porque no se trata de explayarnos, sino de reflexionar en la lucha de las madres y padres. Al día de hoy ha sido reconocida por la presidencia de la República, donde sabemos, ya no habrá carpetazos… qué nos queda a nosotras y nosotros como sociedad: 5 de junio ni perdón, ni olvido.
Autor: Manuel Eduardo Rábago
Edición: Teresa Vazort
