La maternidad: procesos y vivencias

Imagen de: https://gk.city/2019/06/03/consecuencias-ninas-embarazadas/

Análisis de entrevista

Seguimos en el mes de mayo; hace pocos días celebramos a nuestras mamás, abuelas y todas aquellas figuras maternas cercanas. Es importante aprovechar las fechas que se celebran y conmemoran para analizar y reflexionar el sentido de ellas. Tengo poco cuestionándome acerca de la imagen que me han enseñado de la maternidad, y es curioso ver cómo se ha  creado la imagen peyorativa de la “mamá luchona 4×4”, y notar que, por el contrario, es poco lo que se dice de los padres ausentes, es más, no recuerdo algún meme o “broma” donde se hable de eso con la misma intensidad que de “las luchonas”: machismo y misoginia normalizada.

Me he cuestionado ¿qué imagen hay de la maternidad en el imaginario colectivo?, ¿qué imagen es la que reproducimos?, ¿qué es la maternidad?, ¿por qué siempre se culpabiliza a las madres?, ¿quién me enseñará a ser madre? Tras varias preguntas decidí indagar un poco más y llevar a cabo una entrevista, que, una vez realizada, me dio pautas para poder reflexionar sobre ciertos matices que giran alrededor del tema de la maternidad, pude reflexionar y cuestionar acerca de ciertas construcciones de imágenes que se forman dentro del imaginario colectivo:

La entrevista titulada “La maternidad: procesos y vivencias.” Se realizó a Manuela X, el 2 de mayo de 2020, en Hermosillo, Sonora. Las preguntas fueron grabadas y realizadas por medio de vídeo llamada. La entrevistada nació en Chihuahua, Nuevo Casas Grandes, se mudó a Hermosillo, Sonora, a los dieciséis años e hizo su vida en la  ciudad. Actualmente se considera ama de casa, es madre de cinco hijos, abuela de trece nietos y bisabuela de cuatro bisnietos. El propósito de esta de entrevista, fue el de reunir memoria y experiencias en torno a la vida materna.

La manera en cómo se educa a los niños y niñas, y sobre qué se les educa, habla mucho de las aspiraciones que tienen los papás para el futuro de sus hijos, y tras reflexionar varias cosas que se  trataron en la entrevista, debo destacar algunas situaciones sobre cómo antes se educaba a las niñas y jóvenes para la maternidad o ser amas de casa, y actualmente hay casos donde aún se presenta de manera más directa que en otros.

El patriarcado junto con la falta de oportunidades económicas o, tal vez,  la falta de apoyo,  han predispuesto a que la maternidad sea manejada por el sistema patriarcal, controlando los cuerpos de las mujeres, dándoles históricamente un sólo destino, o sea la maternidad, y a raíz de eso se da la construcción de imágenes poco sanas para la vida de las mujeres.

Tras la falta de oportunidades para estudiar, otra opción válida para algunas mujeres que   tienen privilegios económicos muy limitados, es casarse. La mujer entrevistada sólo concluyó la primaria, se casó a los 16 años tras no haber podido seguir con sus estudios; su primer hijo lo tuvo a los 17 años y a partir de ese momento, sus visitas con el ginecólogo fueron muy constantes. Se dice que el cuerpo de la mujer termina de desarrollarse y crecer hasta los veintiún años de edad, Manuela era una niña que se estaba desarrollando emocional y físicamente cuando conoció lo que es la vida materna. Aprendió lo que es ser madre tras cada embarazo que tuvo, y su mamá jugo un papel relevante al explicarle la teoría de cómo se cuida un bebé, pero vivió en carne propia y en gran parte sola ese proceso.

Tras la construcción de imágenes que pude observar, me quedo más con el de la “superwoman”, aquella imagen dónde se da por hecho que la mujer debe de saber todo por su condición de mujer y donde recae sobre ella el peso de la responsabilidad de la crianza de los hijas e hijos, donde no puede haber margen de error.

La vida materna de la entrevistada comenzó sin previa educación sexual, ni planificación familiar, y aún así en ella recaían comentarios de reproche por no “cuidarse”,  podemos ver lo anterior en los diversos momentos en los que narra sus visitas al hospital donde se atendía. El primer comentario lo recibió cuando nació su segundo hijo, su ginecólogo le dijo que el niño no iba a poder sobrevivir por las diversas complicaciones que tuvo, haciendo también mención que tenía que ver con que ella era mamá joven:

“Me dijo el ginecólogo, bueno a mi mamá «Señora, este niño saliendo de aquí va a morir porque la mamá está muy jovencita y el niño nació con muchos problemas, trae muchos problemas y pues es tiempo de que se lo lleve» el niño no podía respirar con sus pulmones, nació muy malito y pues se me vino a los seis meses. Recuerdo muy bien que fue en María Auxiliadora, ahí nació y resulta que cuando ya me iba a venir entraron dos monjas y me dijo una de ellas: «Oye, mija, quiero hablar contigo, ya supe que ya te vas, ¿Por qué no nos das en adopción a tu niño?» ¿Por qué? dije yo, «Porque tu niño necesita tiempo en la incubadora, necesita muchos cuidados y tú estás muy joven, se te va a morir, déjalo con nosotros en adopción, aquí nosotros vamos a tener todos los cuidados, aquí no le va a faltar nada»”[1]

Manuela tuvo tres abortos, dos de ellos espontáneos y uno inducido clínicamente. En los espontáneos no supo que estaba embarazada hasta el momento en que  le corrió la sangre por las piernas. Esos tres momentos marcaron a Manuela, pero ella siempre tuvo en mente a los niños que ya tenía.

“—¿No quieres que te ayude?,  —¿Cómo doctor?— le dije. —Como tienes otros niños chiquitos, nadie te ayuda. —Sí, mis cuñadas, pero no al cien, ellas tienen sus quehaceres y cosas por hacer. —Te puedo inducir un aborto—. Me dijo. —No te va a pasar nada—. Me quedé pensando y viendo a los cuatro niños chicos,  y dije —¿Quién me los va a cuidar a todos si me vuelvo a embarazar?— . —Ta’bien, doctor—. Le dije. —Hágame el aborto. Que sea lo que Dios quiera y si quiere me perdone—“.[2]

Fue notoria la culpa que siente por los tres abortos, se responsabiliza de ellos. Siguiendo como la imagen de la superwoman, una imagen construida es que la mamá siempre tiene que sentirse bien, no hay espacio ni tiempo sólo para la  mujer. Cuando la entrevistada decía que llegaba a deprimirse, se veía cómo su semblante cambiaba, inclusive su voz, se notaba que tenía cierto tipo de remordimiento por eso. Manuela se descuidó físicamente y emocionalmente en su proceso de ser “buena madre” pesando poco más de 40 kilos en su último embarazo. Cuando hace mención de su esposo, dice que él “le ayudaba”, cuidando y atendiendo a sus hijos e hijas. Sobre los hombros de Manuela cargaba el mayor peso de  la responsabilidad de la crianza de sus infantes.  ¡Claro!, su esposo “le ayudaba” Qué loco ¿no?, como si los hijxs fueran sólo de ella.

A manera de conclusión, podemos inferir que la maternidad es diferente en cada mujer, es un proceso personal y variado, que comprende desde cambios físicos, emocionales y hormonales. En el caso de la entrevistada, afirma que su maternidad comenzó desde el momento en que supo que estaba embarazada, cada embarazo que vivió fue diferente.

Se nos ha presentado generacionalmente la maternidad como un proceso hermoso y lleno de gozo para las mujeres: la maternidad romantizada. Se deja de lado que puede haber lágrimas, cansancio e inclusive tristeza en este proceso, y que es totalmente válido, pero quiénes la viven pueden experimentar culpas, ya que esa no es la imagen que nos han enseñado. “El patriarcado redujo la feminidad a la maternidad, y por ende la mujer, a condición de madre.”[3]

Autora: Diana Oceguera (Twitter: @isabel_oce)

Editora: Teresa Vazort


[3] “Mamá desobediente: una mirada feminista a la maternidad” Esther Vivas

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