Coahuila: date cuenta.

El eslogan del 440 aniversario de la fundación de la ciudad de Saltillo, capital de Coahuila, fue «SOMOS MIGRACIÓN».

Si vemos esto en retrospectiva sabemos que desde las primeras poblaciones que hubo en Coahuila y hasta la composición de la familia moderna, ninguno de sus habitantes tiene “sangre pura coahuilense”. Las primeras tribus que llegaron a esta majestuosa tierra árida, sumergida en el semi desierto, el calor avasallante y el frío seco que cala hasta los huesos, venían migrando de lugar en lugar buscando establecerse en pequeñas comunidades. No obstante, los parajes eran temporales y se instauraban de acorde a las estaciones climáticas. Eran sociedades indias dedicadas a la caza de animales y a la recolección de frutos que les ofrecía la naturaleza. Así, lograron desarrollar muchas habilidades. Algunos abandonaron el nomadismo y se establecieron en lugares que permitían la agricultura; lo hicieron también por presión de los españoles.

Para la expansión de la Nueva España los españoles, junto con los tlaxcaltecas, llegaron a la región del noreste en forma de “expediciones” y, en Coahuila, con mayor prestancia a combatir a los indios que nombraron “bárbaros”, imponiendo una organización de corte europeo en la estructura socioeconómica y creando una nueva relación de las fuerzas productivas, muy distinta a la que los indios del noreste mexicano habían acostumbrado. Desde que se establecieron, la población coahuilense era una mezcla entre aborígenes, tlaxcaltecas, españoles y africanos.

La revolución mexicana fue la detonación del capitalismo moderno en el país,impulsando la industrialización nacional, promoviendo nuevas formas de organización de las fuerzas productivas y el dominio de la emergente clase burguesa, ejemplo de ello ha sido la llegada del coahuilense Francisco I. Madero a la presidencia de México, apoyado por todas las clases sociales y estratos. Aún con ello, en años posteriores surgieron pugnas entre la burguesía norteña y campesinos y pequeños propietarios latifundistas del sur de país, lo que derivó en fuertes tensiones, que llevaron al derrocamiento de Madero.

La llegada de Venustiano Carranza al poder significó el triunfo predominante de la burguesía norteña principalmente coahuilense y nuevoleonesa de la época, que con la creación de la Constitución de 1917 plasmó las expresiones sociales de todas las clases y etnias en el territorito nacional y legitimó el predominio de la burguesía del norte del país hasta el periodo neoliberal. Sin embargo, negó los postulados revolucionarios expresados durante la revolución mexicana, considerándose una Revolución interrumpida con altibajos como fue el del periodo cardenista.

El modelo benefactor instaurado en México, conocido como “milagro mexicano” desarrolló las actividades precapitalistas (como nunca) como la agricultura y la ganadería del centro y sur de México; y la industria de extracción petrolera en los estados de Campeche, Tabasco y Veracruz, quienes fueron los que impulsaron la industrialización del norte del país con ventajas fiscales y competitivas para su integración al mercado nacional y mundial, por la ganancia extraordinaria que generaba el agro y la extracción de petróleo.

No fue sino hasta la crisis de los años 80, que la estructura socioeconómica se volvió a  modificar con el abandono de la industrialización nacional y de la producción agrícola del centro y sur del país, lo que hizo que el fuerte crecimiento de la industria trasnacional en el norte del país aprovechándose de la infraestructura creada y la cercanía con EEUU, detonara la migración de la población del sur al norte; y del campo a la ciudad (en los estados del norte) derivado por  fuertes desigualdades. Esto causó la confirmación del nuevo paradigma mexicano: el Neoliberalismo.

En la actualidad, con la latente decadencia del periodo neoliberal, alentó a algunos empresarios excluidos a sumarse un nuevo proyecto alternativo de la 4ta Transformación para romper la oligarquía política y económica predominante en el país. Sin embargo, los empresarios que no están de acuerdo con el planteamiento alterativo al neoliberalismo reclaman su supremacía y privilegios a los que les tenían acostumbrados desde la Revolución, resentimiento que permea en el noreste del país y altamente promovido por la burguesía y la clase política norteñas.

Las recientes declaraciones de los gobernadores del noreste, respecto a la distribución presupuestal del Gobierno Federal hacia los estados y la modificación o renuncia al pacto fiscal, en medio de una crisis de salud pública por el covid19, plantea un discurso que raya en lo clasista, alegando un mérito por ser del noreste del país y vivir en una región industrializada, lo que, según ellos, los hace merecedores de un trato especial por abonar más que los demás estados al Producto Interno Bruto nacional. La meritocracia y la aporofobia se ven sumamente marcados en cada uno de sus argumentos y lejos de apelar a la solidaridad social están moviendo las fibras del separatismo.

Las declaraciones del gobernador de Coahuila tienen cierta veracidad, sin embargo, no es lo mismo la contribución económica de un estado a la federación que la recaudación fiscal de un estado hacia la federación, mecanismo que tiene un país para ejercer un presupuesto en un tiempo determinado en la ley de ingresos y egresos.

Un estudio realizado por CIEP en 2018 menciona que la recaudación fiscal de la federación por el estado de Coahuila es de 35,360.2 millones de pesos, es decir, el 1.3% de la recaudación total de la federación en los estados. Recibe de participaciones 2.4%, que es el presupuesto que da la federación a Coahuila, para ejercerlo de la mejor manera. Y recibió aportaciones por un 2.2%, que es el presupuesto etiquetado por la federación que ejerce en el estado de Coahuila, mediante programas sociales y obras públicas[1]. Por lo tanto, las declaraciones de Riquelme son más que sensacionalistas y mal calculadas, además de inoportunas. Lo preocupante es que existe una cierta aprobación de la clase media reaccionaria, que se traga el discurso de la aportación económica y que legitima el clasismo. Es más que obvio que hablan desde el miedo infundado, desde los discursos de los mandatarios del noreste. Es curioso y alarmante que en pleno siglo XXI permeen discursos, actitudes y pensamientos que lejos de ser progresistas, acarician el fascismo. Es preciso tenerlo en cuenta.

Por: Antonio Castro.


[1] Véase más en : https://ciep.mx/redistribucion-de-impuestos-en-las-entidades-federativas/

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