
A la par que varios gobiernos y analistas el presidente asume que la parte más vulnerable de la sociedad debe ser el punto de partida para cualquier decisión respecto al virus, siendo congruente con su fuerte máxima ‘’por el bien de todos primero los pobres’’. Sin embargo, el aislamiento social, ya sea recomendado o forzado ha mostrado como es que la sensación de amenaza lleva la condición humana al límite. Si bien el uso selectivo de la información que aguda y mezquinamente ha sido utilizada por el cuarto poder mexicano, hace parecer que la estrategia epidemiológica del presidente consiste en regalar estampitas, mientras se deja de lado la pronta atención de la secretaría de salud que ha conseguido descartar casi mil posibles casos mientras que se atienden pocos más de cien confirmados; parecido a cuando por meses se trató de hacer ver la estrategia de seguridad como el presidente dando abrazos por todo el país, sin enunciar los logros de la UIF al congelar cuentas e incautar bienes del crimen organizado, que a la vez, se dirigen (si bien, cierto, discrecionalmente) al Instituto para devolver al pueblo lo robado para servir a los más pobres.
En este contexto, destaca una situación que si bien pudiera no agradarles a quienes prefieren invisibilizar las diferencias sociales o negar las condiciones de privilegio de ciertos sectores, llevando las problemáticas (a veces bien evidentes) al plano de lo moral, como los usuarios del eslogan ‘’buenos contra malos’’. Esta situación es, la ya tan manejada y repensada afirmación: son los ricos quienes están importando enfermedades y los pobres a quienes más aflige la carga económica de paralizar las actividades de tajo, con lo que se muestra que no se trata de mentalidades, buenas voluntades, echarle ganas, etc., existe una verdadera condición de clase que se presta evidente en tiempos de crisis.
A la par de esto y respecto a lo que he visto, me parece que quien le da la espalda al pueblo, tanto en México como en el Perú, ha sido principalmente el sector privado, para ello dos vivencias, que a continuación sirven para mostrar las maneras en que el capital violenta en época de crisis.

Un compañero de piso en Lima, ya resignado, me comentaba que, con la crisis del virus su pensión para retiro había disminuido considerablemente, es decir, la idea que vendieron los gobiernos neoliberales (fujimorista en Perú y en México con Zedillo) de las grandes ventajas que traería el cambio del sistema de pensiones a uno más riesgoso y completamente determinado por la volatilidad financiera (las famosas AFP). Pese al coraje, mi compañero entiende que son las reglas del juego y el banco nunca pierde, que poco se puede hacer al respecto contra este acto de violencia sistémica normalizada, el cual afectó a los pocos empleados en Perú que tienen la dicha de tener un contrato y ahorrar para el retiro en un país donde la informalidad rebaza el 60% de la ocupación.
En otro caso, mientras atendía en la embajada de Lima para ver la posibilidad de repatriarme a México, ya que, la secretaría de relaciones exteriores logró que la frontera del Perú fuera abierta únicamente para llevar a los compatriotas de regreso. Los vuelos de repatriación iban a ser llevados a cabo por las compañías que tenían vuelos en esas fechas, es decir, el cumplimiento adelantado de un servicio ya pagado por los clientes. Pero las aerolíneas (las que dieron la cara ‘’humanitariamente’’) no ofrecieron la disponibilidad para regresar a la totalidad de sus clientes, es decir se desentendieron de un servicio que ya se les había pagado mientras lo muestran como caridad cuando únicamente ofrecían el servicio a quienes habían adquirido vuelo con esa misma empresa, sin embargo, no en la medida necesaria y poniendo restricciones al equipaje. Se destaca además que circulaba información (que a los días aparece en prensa) que había manejos turbios con los vuelos, que cierta aerolínea estaba llevando no-mexicanos a cambio de montos elevados. No faltaban las voces y los ‘’envivos’’ que exigían a AMLO mandar la fuerza armada ‘’como con Evo’’ o mandar el avión presidencial, lo que me hizo pensar: ‘’oiga disculpe, Evo no andaba de vacaciones en Perú cuando le dijeron que había una epidemia mundial”. Nuevamente, es el capital quien da la espalda, incluso a sus clientes, y se carga la responsabilidad enteramente al gobierno.
Por: Carlos Padilla Morán
Twitter: @CCarlosPaMo
