El Antifascismo norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial: Vicente Lombardo Toledano, el Partido Comunista Mexicano y Earl Browder

Manifestación antifascista en México

Para comprender la importancia del antifascismo en los años de entreguerras, la tenemos que observar como parte una cultura política internacional con toques del movimiento de izquierda nacional. El antifascismo fungió como el articulador interclasista con el objetivo de convertirla en bandera mundial de la izquierda en todo el globo. Su principal función era detener el avance del fascismo europeo liderado por Alemania e Italia, pero detrás también había una vena revolucionaria  

El mayor exponente del antifascismo durante estos años en México fue Vicente Lombardo Toledano. Pieza clave durante el gobierno de Lázaro Cárdenas y de Ávila Camacho para llevar acabo la organización de la clase obrera en sindicatos; personaje crucial para el apoyo a la Segunda República Española durante la Guerra Civil Española y en pos, de los exiliados en México.

Uno de los medios de comunicación de Lombardo Toledano donde alzó la bandera antifascista fue la revista Futuro, proyecto que tuvo vida desde 1933 hasta 1946. En esta revista pudo colaborar uno de los pioneros del diseño gráfico Josep Renau del que fue miembro del Partido Comunista Español, donde realizó algunas portadas de la revista. Otros intelectuales y artistas como Unamuno, Máximo Gorki, Migue Hernández, José Clemente Orozco, Efraín Huerta, Octavio Paz también colaboraron en la revista.

La revista abordó temas de gran tensión en la época: la Guerra Civil Española, la situación social y económica de la realidad mexicana, el movimiento obrero internacional donde preveía el avance del fascismo y el peligro a un conflicto de carácter mundial.[1]Este trabajo reflejaba la unidad antifascista este los exiliados españoles que arribaron a México junto con la izquierda nacional.

Al ser dirigente de la Confederación de Trabajadores México (CTM) y de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) sirvió para que el discurso de Lombardo Toledano, acerca que el crecimiento económico de la nación residía en la unión de los obreros con el Estado, tuviera más peso. Su postura congeniaba con las políticas de la Internacional Comunista, organización catalizadora de los movimientos comunistas internacional, así como la Unidad Nacional del Presidente Manuel Ávila Camacho, y con la idea de Earl Browder Secretario General del Partido Comunista de Estados Unidos, acerca de la unidad de los comunistas con el Estado (Acle-Kreysing).[2]

México en el panorama soviético y de la Internacional Comunista, era visto como casi todo Latinoamérica: como territorio semicolonial en el que las revoluciones democráticas-burguesas aún estaban por darse ¿Por qué es importante decir esto? Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial en 1943, la Internacional Comunista, en uno de sus congresos decide optar por la desintegración de esta organización. La razón oficial por la que tomaron esta decisión fue porque ya no tenía vigencia, debido a la experiencia de los partidos comunistas de otros países en el período de unidad internacional de las fuerzas progresistas mundiales en contra del fascismo.

A lo que Márquez y Araujo afirman que esta explicación se encuentra lejos de la realidad. Stalin disolvió la Internacional para disipar los temores de los aliados capitalistas, que la guerra en curso era antifascista y dejó fuera los planteamientos revolucionarios de la erradicación del sistema capitalista. [3]Al momento de la disolución de la Komintern, el Partido Comunista Mexicano (PCM) pasa a ser “cobijado” por el estadunidense, que ya la organización internacional soviética había dado la responsabilidad de guiar el movimiento comunista latinoamericano.

            La concepción del capitalismo estadunidense de Browder, fue que las formas imperialistas de relación económica habían quedado atrás y que tenían la intención de ayudar a los pueblos atrasados latinoamericanos, con la obligación de confiar en la potencia estadunidense como patrocinadora de la independencia nacional de los países. El mismo decía que realizar esta tarea, América Latina debía ser consumidor de los productos del capital estadunidense.[4] El impacto del browderismo en México tuvo sus fuertes y bajas. Una de las mayores influencias fue la que congeniaba con la Unidad Nacional avilacamachista y la del Frente Nacional soviético.

Otro punto importantísimo que se adoptó en México fue la “batalla por la producción”. Esto implicó dos puntos claves en el proceso de izquierda del país. La primera fue la aceptación de la modificación al Código Federal del Trabajo, que penalizaba severamente las huelgas. La concepción compartida entre los Partidos Comunistas (mexicano y estadunidense), que las huelgas frenarían la producción de materiales para la guerra, hizo desaparecer las células comunistas en muchas fábricas. Al igual que años antes, se realizó en México el pacto obrero-patronal para promover el desarrollo industrial y la futura independencia política y económica del país.[5]

Pero lo más importante que se puede destacar de esta influencia, es la Unidad Nacional como futuro del PCM y de otras, que tuvo que ver con una estrategia a largo plazo y la industrialización de posguerra. Se seguía creyendo en una radicalización del Partido de la Revolución Mexicana (PRM), siendo en un futuro aconsejado por el comunismo mexicano. Y, sobre todo, esta concepción filosófica de las etapas de la sociedad.

Browder creía que la población aún no estaba lista para la entrada del socialismo de golpe. El PCM concebía el futuro de una revolución-democrática-burguesa, donde las fuerzas revolucionarias estarían impulsadas por el marxismo y las alas progresistas. Esta visión de la evolución de la sociedad, según Barry Carr, “permitió al partido mexicano eludir cualquier intento serio de examinar las bases del sostenido giro a la derecha que se había iniciado a fines de los treinta, y de pesar sus implicaciones para la estrategia de la izquierda”.[6]

Para redondear y darle una coherencia máxima se puede decir que en este bagaje de cambios direccionales de la izquierda, el antifascismo cambio: pasó de una bandera transformadora de la sociedad (revolucionaria) a la defensa de la democracia (democracia liberal). Esto podemos entenderlo por las direcciones tomadas por la izquierda, así como por mayor influencia “aliada” en los medios de comunicación mexicanos. El antifascismo fuera de los círculos revolucionarios tomó una postura menos radical cuando los Estado-Nación como Estados Unidos se alzaron como líderes contra el mundo nazi. El ideal del antifascismo internacional, junto con la defensa de la autodeterminación nacional, la importancia de que México se alineara a este bloque político, fue la idea de Lombardo Toledano y su visión del derecho a participar como país en la planificación de la post-guerra.


[1] Centro de Estudio Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano, “Revista Futuro,” Secretaría de Educación Pública,  https://www.centrolombardo.edu.mx/futuro-3/ (consultado el 16 de marzo de 2019)

[2] Andrea Acle-Kreysing “Antifascismo: un espacio de encuentro entre el exilio y la política nacional en

México (1936-1945)” Revistas de Indias 76, (año 2016): 573-609

[3] Manuel Márquez Fuentes y Octavio Rodríguez Araujo, El Partido Comunista Mexicano (en el periodo de la

Internacional Comunista: 1919-1943), (México D.F: Ediciones El Caballito:1973),239-242.

[4] Barry Carr, “La izquierda mexicana a través del siglo XX” (México: Ediciones Era, 1996) 29-32.

[5] Márquez y Fuentes, Partido Comunista, 235-236.

[6] Carr, Izquierda mexicana, 129.

José Arturo Esquivel Borrero

Twitter: @arturoesquivelB

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